Probablemente tu hijo tenga entre 3 y 4 años cuando comience a realizar preguntas para tratar de entender cómo funciona el mundo que lo rodea, los conocidos “¿por qué?”.

Es muy común en los pequeños preguntar muchas veces lo mismo, debido a que es a través de la repetición como aprenden. Además,  para ellos es una excelente manera de descubrir que pueden contar con tu atención ya que le estás dedicando tiempo al entregarle una respuesta.

Lo más importante durante esta etapa es tener paciencia, a medida que crezca formulará preguntas más complejas y es recomendable intentar dar respuesta a la mayoría de ellas, así también aprenderás a identificar cuándo esas preguntas son de simple curiosidad o si tu hijo está demostrando un verdadero interés por algún tema.

Cada pregunta que haga te entregará una posibilidad de motivarlo a seguir descubriendo el mundo, por eso, debes evitar hacerlo callar o dejar preguntas sin respuestas por muy repetitivas que sean; respondiendo a ellas le entregas la confianza para que acuda a ti en caso de tener dudas, especialmente respecto a su cuerpo o desarrollo.

Tu hijo conocerá la realidad a través de ti, eres su guía y de tu dedicación dependerá como se relacione con su alrededor. Un buen ejercicio es que al recibir una pregunta de él puedes responderle directamente o hacerlo reflexionar con ejemplos, transformando así las preguntas en una conversación. Intenta siempre responderle con naturalidad y aprovecha también de entregarle nuevo vocabulario, por ejemplo, si te pregunta por qué vuelan los aviones, menciónale palabras como alas, piloto, aire o viaje, así desde pequeño aumentarás su vocabulario.

Disfruta esta etapa en que destaca la inocencia de sus preguntas, dedicándole el tiempo que necesitan para resolver sus dudas, con esto estarás desarrollando un vínculo comunicativo desde temprana edad. ¿Tu hijo ya está viviendo esta etapa?